Recordando aquella frase que marcó mi trayectoría en la Universidad, "la Enfermería es más que una profesión es una forma de vida", que mi profesor de Fisiología
D. David Sancho, nos repetía hasta la saciedad, hoy puedo valorar por mí misma que esta profesión nos hace desarrollarnos a partir de nuestras motivaciones y que algunos se inclinarán positivamente y otros negativamente.
Es imprescindible tener una base sólida de conocimientos para poder aplicar un sistema de valores claros y acertados en cada momento (aplicación de juicios y razonamientos) pero sin dejar de lado nuestras actitudes vocacionales. Debemos gozar de un espíritu de servicio sin admitir la mediocridad, con respeto por la vida además de la atención y apoyo al paciente.
El/la enfermero/a debe estar convencido de la nobleza de su trabajo y no admitir la rutina diaria. Su actitud debe tornarse en un compromiso que se manifestará en actos concretos, con ello conseguirá tenacidad y constancia además de desarrollar un gran espíritu de cooperación.
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